miércoles, 11 de febrero de 2026

Desde adentro

*  Por El Bofo

*  Román Cota no gobierna, administra el desorden con sonrisa de espectador.

Semanario Balún Canán/TIJUANA. B.C.(SBC).– En Tecate el micrófono no se equivocó. El que se equivoca todos los días es el alcalde. El audio solo confirmó lo que ya se huele en las calles: Román Cota no gobierna, administra el desorden con sonrisa de espectador.

Porque una cosa es que los regidores sean flojos, frívolos y cínicos. Eso ya lo sabíamos. Pero otra, mucho más grave, es que el presidente municipal esté sentado a un metro del desastre y decida hacerse el sordo, el ciego y el mudo. Como si Tecate fuera un grupo de WhatsApp y no un Ayuntamiento.

Ahí estaban, antes de iniciar sesión, queriéndose ir a su casa. Sin discutir agenda. Sin trabajar. Burlándose del cargo. Hablando de Dios, de agua, de enfermedades fingidas. Y Román Cota, feliz. Callado. Cómodo. Riéndose bajito. Dejando que el Cabildo se le suba a la cabeza como gorra ajena.

Ese silencio no fue prudencia. Fue cobardía política. Fue la confesión no verbal de que no manda. De que no pone orden. De que le da igual.

Luego se preguntan por qué Tecate está turísticamente abandonado. Por qué el Cotuco sigue siendo una promesa momificada con 30 años de polvo. Por qué el Pueblo Mágico vive reducido al pan y al recuerdo, mientras otros municipios avanzan. La respuesta estaba en ese audio: nadie está al volante.

Román Cota prometió rescatar el turismo. Prometió estructura. Prometió gestión. Lo único que ha entregado es permisividad. Un “háganle como quieran” institucionalizado. Y cuando un alcalde permite que los regidores se burlen del trabajo frente a cámaras oficiales, el mensaje es brutalmente claro: aquí no pasa nada.

Karolina Fraijo propone irse sin trabajar. Sarai Osuna le sigue el juego. Pedro Torres levanta la mano. Tres funcionarios que confunden el Cabildo con salón de clases. Pero el verdadero problema no son ellos. El problema es el maestro que dejó el aula, se sentó al fondo y decidió no decir nada.

Si Román Cota no puede poner orden en una sesión de Cabildo, ¿cómo pretende ordenar un municipio?

Si no puede exigir trabajo a su propio equipo, ¿cómo piensa exigirle resultados a la ciudad?

Si le da risa el desinterés, ¿por qué habría de dolerle el abandono de Tecate?

Hoy, el único contraste incómodo es que mientras el alcalde juega a la neutralidad, la diputada Teresita Ruíz sí está empujando turismo, inversión y agenda pública desde el Congreso. Ella trabaja. Él observa.

Esto no es un error aislado. Es un retrato de gobierno. Un alcalde rebasado por su propio Cabildo, superado por su silencio y expuesto por un micrófono que dijo lo que él no se atrevió.

Desde adentro se entiende perfecto:

Tecate no está mal gobernado.

Tecate está no gobernado.

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