lunes, 9 de febrero de 2026

Desde adentro

*  Por El Bofo

Semanario Balún Canán/TIJUANA. B.C.(SBC).– Hay odios que duran lo que dura un trending topic. Odios de utilería. Odios de vitrina.

Ahí tienes a los mismos que ayer se desgarraban la camiseta porque Trump “odia a los latinos”, y hoy, con la misma mano con la que escriben No al racismo, aplauden cuando el mismo Trump escupe veneno contra Bad Bunny.

Ah, pero eso sí: “yo no lo veo”, “no me representa”, “yo apago la tele”.

Felicidades, campeón. Nadie te va a dar medalla por cambiarle de canal. No eres especial. No eres rebelde. No eres distinto. Solo eres parte del ruido.

Porque el punto nunca fue si te gusta Bad Bunny.

El punto es la doble moral envuelta en papel aluminio patriótico.

Critican a Trump por atacar a los latinos…

pero celebran cuando ataca a un latino que no canta como ellos quieren, que no se viste como ellos esperan y que no pide permiso para existir en un escenario que, según algunos, tiene dueño.

“No que muy patriota”, dicen.

Patriota de qué. ¿Del silencio? ¿Del gusto aprobado? ¿De la nostalgia reciclada de Michael Jackson como si el mundo se hubiera detenido hace 33 años?

Trump dice que el show fue “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

Y muchos latinos aplauden.

Aplauden el mismo discurso que los pone en la fila de atrás, solo que ahora viene con soundtrack que no les gusta.

Eso es lo verdaderamente incómodo.

No Bad Bunny.

No el español en el Super Bowl.

No la salsa sonando donde siempre quisieron que solo hubiera rock, pop y banderas ajenas.

Lo incómodo es verse al espejo.

Porque no escuchar sus canciones no te hace superior.

Porque decir “nomás lo conozco porque nos defendió” mientras repites el discurso del que nos ataca, es esquizofrenia social.

Porque gritar “arriba el Conejo Malo” y al mismo tiempo decir que “no representa nada”, es vivir en la contradicción permanente.

Claro que Bad Bunny no es Che Guevara.

Claro que es parte de una élite económica.

Claro que el capitalismo lo abraza mientras baila.

¿Y luego? ¿Desde cuándo la pureza ideológica es requisito para mandar un mensaje de identidad?

Cantar en español en el Super Bowl no te hace revolucionario.

Pero hacerlo en este contexto sí es político.

Nombrar a América Latina en voz alta, en un país donde muchos prefieren que existamos solo en la cocina o en la obra, sí es un golpe simbólico.

Pintarte las uñas, usar falda o bailar salsa no derriba sistemas…

pero incomoda.

Y eso, para algunos, es imperdonable.

Por eso el coraje.

Por eso el “no lo veo”.

Por eso el “apaga la tele”.

Mientras Bad Bunny mañana revisa su estado de cuenta y se vuelve a dormir, tú y yo nos vamos a levantar crudos a chambear.

La diferencia es que él ya entendió algo que muchos todavía no: la representación no es para gustarte, es para existir.

No soy fan del Conejo Malo.

No me gusta cómo canta.

Pero hay que tenerlos bien puestos para pararte en el Super Bowl, cantar en español y decir sin decirlo: también somos América.

Lo demás es pose.

Y la pose, tarde o temprano, se cae sola.

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