Predial

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA RINCONERA: LA CORRUPCIÓN


*  ¿Por qué si dicen que estamos tan bien, nos sentimos tan mal?
MEXICALI, B. C. (SBC).- Esa seguramente es la pregunta que millones de mexicanos se han hecho, se están y seguirán haciendo en los próximos años si es que, como lo prometen los gobernantes, las mejoras no llegan a los hechos y, sobre todo, a los bolsillos de los ciudadanos.
Este lunes, el presidente Enrique Peña Nieto dirigió su mensaje a la nación con motivo de su Segundo Informe de Gobierno, en el que destacó algunas acciones y anunció muchas más para los próximos años.
Desde su atril, cobijado por la clase política y los representantes del sector privado, así como cientos de invitados especiales, el presidente habló de un México que no es el mismo México que sienten 110 millones de personas.
Peña Nieto dio cifras alegres sobre la seguridad, mientras la percepción lo contradice; mostró datos económicos favorables para el país, cuando afuera del escenario las quejas de que la inflación, la reforma fiscal y otras acciones.
Cierto es que ha habido avances y que en dos años se logró lo que mezquinamente algunos fanáticos le niegan que es el haber logrado sacar las 11 reformas estructurales que requería el país para alcanzar el México que aspiramos todos.
Pero el gobierno de Peña Nieto sigue teniendo una gran deuda con los mexicanos y esta tiene que ver con el efectivo combate contra la corrupción, este terrible cáncer que afecta a todas las instituciones del país, tanto públicas como privadas y hasta religiosas.
Imposible sería negarlo.
Y en Baja California la corrupción, entendida esta no sólo como el intercambio de dinero por favores sino también por la omisión, parece haber echado raíces.
Se conocen públicamente de casos en delegaciones federales en los que por solo registrarse para participar en la adjudicación de alguna obra, les están cobrando un millón de pesos. Esto, aparte, de cobrar el 20 al 25 por ciento de comisión si es que quieren resultar favorecidos.
Las denuncias de este tipo han llegado ya a niveles de oficinas centrales, pero no ha pasado nada.
Lo mismo lo vemos en el Gobierno del Estado, con actos corruptos como la adjudicación directa de fabricación de placas y licencias de conducir, o en el Congreso del Estado donde funcionarios de primer nivel no se presentan a trabajar a sus oficinas porque dedican su tiempo a hacer campaña política.
Peo hay corrupción también en el sector privado, en empresas de “reconocido prestigio” que contratan despachos especializados para buscar la forma de evadir impuestos. Que compran facturas apócrifas para eludir el pago de gravámenes y que ofrecen “apoyos” para que inspectores y supervisores de Hacienda y el Seguro Social se hagan ciegos y sordos.
Pero lo somos los ciudadanos que antes que pagar una multa de tránsito buscamos “un arreglo” con el oficial e intentamos sobornar al maestro para que inscriba a nuestros hijos o le ayude a pasar los exámenes.
El Presidente Peña Nieto anunció la creación de la Fiscalía Especial Anticorrupción como una herramienta para actuar en contra de los funcionarios públicos federales que se incumplan con las normas y conductas de honestidad que la institución estará exigiendo.
Ojala que este nuevo organismo comience a dar resultados más pronto que inmediatamente, y no venga a convertirse en una oficina más que encarezca y eleve nuestro pésimo rating internacional en materia de corrupción.
De entrada, le aseguro que en Baja California el Gobierno Federal no tendría que escarbar mucho para encontrar casos y comprobar los elevados grados de corrupción que prevalecen en varias de las delegaciones en las que se manejan presupuestos multimillonarios.
Pero sobre todo tendrían que actuar de manera efectiva porque hay algunos casos en los que a pesar de haber sido denunciados, con pruebas gráficas y testimonios, no sólo fueron absueltos sino hasta felicitados por sus superiores mientras los denunciantes quedaron marcados para no recibir contrato alguno.
La fiscalía anticorrupción tendrá que actuar de manera rápida, eficiente, efectiva y contundente para que la sociedad recupere la confianza y, por consecuencia, empieza a convertir en valor de la honestidad en una forma de vida.
Al tiempo.

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